Un rasgo que nos define como centro educativo y como comunidad de aprendizaje son las tertulias dialógicas, una actuación que cuenta con gran aval científico y que nos hace salir de nuestro interior para encontrarnos con otras personas. Por ello vamos a extender esta actividad de éxito al conocimiento de obras maestras de la pintura universal. Porque no solo es importante volcar nuestra subjetividad sobre un objeto artístico para imaginar las cosas que a cada persona nos provoca la visión de algo bello. Este punto de vista, más psicológico, no agota lo que nos ofrece, pongamos por caso, mirar un cuadro. Cuando hacemos con otras personas este ejercicio, desvelamos quiénes somos, lo mismo que quiénes queremos ser. Esta oportunidad de hacernos una idea de lo que los demás deciden compartir con el grupo nos ayuda a comprender qué significa ser alguien, qué significa ser persona, qué es eso que tenemos en común aunque nos sintamos distintos y, desde luego, por más que sepamos que arribar a alguna conclusión útil nos lleve mucho tiempo, tal vez toda la vida. De cualquier manera, si damos pie a hablar con estas claves, nuestros chicos y chicas crecerán por dentro tanto como por fuera. Resulta paradójico que genios del arte en general actualicen el potencial de nuestros chicos y chicas habiendo desaparecido mucho tiempo atrás porque, no cabe duda de que siempre se es aprendiz de las buenas y los buenos maestros. Mostremos, por tanto, quiénes son esas y esos que tanto nos tienen que enseñar.
Durante la tertulia era recomendable que quien tuviera algo que aportar se levantara y señalara a que parte del cuadro se estaba refiriendo.
Al igual que en las tertulias literarias, en las pictóricas tenemos el objetivo de que las niñas y los niños se acerquen a objetos culturales que destilan belleza y nos interpelan. Son estas virtudes de las obras pictóricas las que, como les ocurre a las literarias, les confieren un carácter clásico, esto es, imperecedero y universal. No es por casualidad que el Gernika de Picasso, El Jardín de las Delicias de El Bosco y Las Meninas de Velázquez hayan atraído la atención de expertos y de amantes de la pintura a lo largo de los siglos. Esto explica que hayamos escogido las tres obras mencionadas para realizar las primeras tertulias pictóricas en nuestro colegio.
Recordamos que el año pasado ya hubo en el segundo ciclo una experiencia de tertulias musicales con una valoración excelente por parte de nuestras compañeras. Ahora bien, al igual que ocurre con las tertulias musicales, no utilizaremos el apelativo artísticas para referirnos a nuestras tertulias: tanto la música como la pintura son artes y merecen la misma consideración. Y lo mismo podríamos decir del teatro, del cine, de la danza, de la fotografía, de la escultura, de la arquitectura y, ¡cómo no!, de la literatura. ¿Podríamos conversar sobre ejemplos destacados de todas estas artes? ¿Nos es suficiente con traer a las aulas a Ulises o a Tom Sawyer? Por supuesto que no. Podemos reivindicar el lugar de Beethoven, Salgado, Oteiza… en nuestras aulas. Y podemos hacerlo porque nos pertenecen.
Antes de la tertulia hubo una presentación breve que despertó mucho interés. Nunca es pronto para descubrir que toda obra artística habla de las personas.
Como es bien sabido, una de las competencias educativas clave es la Conciencia y Expresión Culturales. Por tanto, cualquier oportunidad para desentrañar significados, aguzar nuestra capacidad de análisis y deleitar los sentidos a partir de la propia observación ha de ser bienvenida y, más que eso, alentada. Los comentarios de los tertulianos constituyen un necesario contrapunto para llegar a conocerse mejor. Sin duda, necesitamos oír a otras personas para comprendernos, para descubrir cómo nos distinguimos de los demás y, sobre todo, para tomar conciencia de cómo nos parecemos a ellos y ellas. Y para hacerlo con éxito hemos de explorar terrenos nuevos; más aún, hemos de ejercitar un cierto intrusismo y valernos de esa habilidad tan infantil para ver desnudo al emperador y osar decirlo.
Después de la tertulia del Gernika, hubo la posibilidad de que una alumna del segundo ciclo repitiera en el aula del tercer ciclo la presentación de Picasso que ya preparara para su clase. Superados los nervios… ¡lo bordó!
Madres y padres de Mendigorria: todo lo antedicho nos insta a animar a nuestro alumnado y a vosotros y vosotras a que hagáis lo propio: que vuestras hijos e hijas observen en internet estas obras que vamos a seguir proponiendo este curso -ya hemos empezado de una manera más que gratificante con el Gernika-. Emplead el zoom para escudriñar los detalles y hacer cábalas que les acerquen a sus misterios. Sería muy edificante que charléis sobre lo que veis en ellas, sobre lo que creéis ver… Sobre lo que más os gusta o sobre lo que os disgusta. Sed igualitarios y no impongáis una visión, la vuestra. Incluso vamos más allá, desaconsejamos absolutamente que vuestros hijos e hijas lean sobre el significado que los críticos de arte atribuyen a las obras que estudiemos. Internet está atiborrado de información a la que podrán acceder una vez realizada la tertulia. Antes de la misma, en clase, recibirán una pequeña introducción que les permitirá situar al autor y a su obra en un contexto particular, además de que tendrán disponible alguna reproducción de la pintura.
Tal y como sucede en la tertulia literaria, en la pictórica los adultos presentes intervenimos sin hacer valer nuestra condición docente y cuando la persona moderadora nos da la palabra. Tenemos que sacar partido a cualquier oportunidad que tengamos para aprender de forma dialógica. Así la cultura nos ayuda a vivir mejor. Porque nos ayuda a mirarnos por dentro para aprendernos. En lugar de convertirnos en consumidores de cosas bonitas está en nuestra mano ser escultores y arquitectos de nuestras vidas, seres capaces de transformar a los demás en musas que nos inspiren. Hagámoslo porque sin el arte esta tarea se vuelve muchísimo más difícil.
Las tertulias dialógicas son un pilar en nuestra comunidad de aprendizaje. Cada año aumenta la experiencia de quienes tomamos parte en ellas. Además, lo que vamos aprendiendo a base de lecturas, reflexiones y muchas horas de trabajo en las aulas lo estamos compartiendo con colegas de otros centros que se han matriculado en un curso de formación organizado por el Centro de Apoyo al Profesorado de Tafalla y que imparten docentes de nuestra escuela. Otro reto más.
Así que solo resta decir una cosa: ¡Pasen, miren y conversen!

